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NO TE PREOCUPES

EL SEGUNDO principio del Emperador Menji que incluyó Mikao Usui en sus directrices es «Al menos por hoy, no te preocupes». De la misma manera que sucede con el enfado, también se puede controlar la tendencia a preocuparse utilizando la energía reiki. Mientras se aprende lo suficiente para saber cómo hacerlo, hay otros métodos que se pueden utilizar con ese propósito.

EL MIEDO, COMO BASE DE LA PREOCUPACIÓN

ENTRE LAS RESPUESTAS emocionales que pueden surgir ante circunstancias externas, una de las más potentes y devastadoras es el miedo. Como mecanismo de adaptación, se presenta cuando algo amenaza seriamente la supervivencia. Ante la presencia de un animal peligroso, de un adversario agresivo que nos supera o de cualquier otro elemento que ponga en peligro la vida, el cerebro pone en marcha una serie de mecanismos neuroquímicos que preparan el organismo para la huida o para pasar por muerto. Entre los síntomas más comunes del miedo pueden citarse:
•                      Palidez. Se produce en el rostro una vasoconstricción para que la sangre fluya principalmente hacia los miembros inferiores a fin de facilitar la huida, y a los superiores para favorecer la posible lucha.
•                      Dilatación de las pupilas. La finalidad de este mecanismo es permitir que el ojo reciba una mayor cantidad de «Luz» con el objeto de percibir con la mayor claridad posible el entorno y, con él, las mejores posibilidades de huida.
•                      Parálisis momentánea. Muchos depredadores sólo atacan a las víctimas en movimiento ya que, su concentración en el momento de cazar es detectar los cambios en el entorno y no establecer el foco visual en la presa. Posiblemente la inmovilidad sea el resabio de un modo instintivo de despistar a estos peligrosos animales.
Pero aunque el miedo como respuesta instintiva apunte a defender la vida, también se presenta en circunstancias que nada tienen que ver con la supervivencia, por ejemplo: ante un examen, en el momento de ir a pedir un aumento al jefe, si hay un reajuste en la empresa y están prescindiendo de algunos empleados, si se ha dicho una mentira y se teme ser descubierto, etc.
Estas son situaciones que amenazan la integridad psicológica, el deterioro de la propia imagen o el afecto, consideración o respeto que otros puedan brindarnos. De estas experiencias se dice que provocan ansiedad, y ésta es definida como la reacción fisiológica del miedo.
Sus síntomas abarcan prácticamente todos los órganos y sistemas:
•                      Aparato respiratorio: sensación de falta de aire, agitación, tos nerviosa, suspiros frecuentes, opresión en el pecho, etc.
•                      Aparato circulatorio: taquicardia, palpitaciones, dolor en el pecho, lipotimias, y otras afecciones derivadas.
•                      Aparato digestivo: náuseas, vómitos, diarrea, colon irritable, acidez estomacal, dolores abdominales, etc.
•                      Aparato genital: frigidez, eyaculación precoz, alteraciones del período menstrual, falta de menstruación, etc.
•                      Sistema nervioso autónomo: palidez, sequedad de boca, sudoración excesiva, temblores, etc.
Cuando un ser humano tiene que enfrentarse a situaciones que comprometen su integridad física o psicológica, experimenta alguno de estos síntomas que, en sí mismos no son graves. Incluso hay infinidad de casos en que estos síntomas preparan a la persona y la ayudan a superar esos inconvenientes:
La oxigenación cerebral que produce una taquicardia puede ser muy útil, por ejemplo durante un examen, ya que proporciona una mayor concentración y lucidez de la mente.
El problema es que, a menudo, estos síntomas se hacen crónicos y permanentes, en cuyo caso se utiliza una expresión médica desgraciadamente muy común en estos tiempos para el hombre moderno: «trastorno de ansiedad».

ANSIEDAD Y PREOCUPACIÓN

LA PREOCUPACIÓN es una función que tiene como fin el anticipar con la imaginación situaciones difíciles con el objeto de preparar estrategias eficaces para resolverlas. En este sentido, preocuparse no es algo negativo, siempre que las situaciones que provoquen esa actitud sean lo suficientemente importantes como para justificarla.
Cuando la preocupación no guarda relación con el objeto que la provoca, se hace crónica. Se produce en el entorno un hecho que suscita ese sentimiento, con la ansiedad que trae siempre aparejada, y el diálogo interno se encarga de mantener el estado conseguido. En este caso la persona vive constantemente atemorizada, atenazada con la imagen de posibles desgracias, pensando que cada paso que dé generará más conflictos. Eso la llevará a dedicar más tiempo a la resolución de problemas imaginarios en lugar de disfrutar de los períodos de tranquilidad.
Ante cada dificultad que surja, por pequeña que sea, se desatará en la imaginación una larga serie de procesos que, a su vez, serán nuevos problemas por los que sea necesario preocuparse.
En ocasiones, esta conducta puede llegar a extremos en los que se necesita la intervención de un terapeuta: son los casos de fobias y los procesos obsesivos y compulsivos.
En las fobias hay un objeto que, a pesar de ser inofensivo, resulta altamente amenazador y quien lo vive de este modo siente una aguda ansiedad ante su presencia. Hay muchos tipos de fobias: a diferentes animales, a cruzar puentes, a viajar en avión, a los insectos, etc. En ciertos casos, como podría ser el de una fobia a las serpientes, no alteran demasiado el ritmo de vida; pero quien tiene fobia a los lugares abiertos (agorafobia) o a los cerrados (claustrofobia), puede verse imposibilitado para ir a trabajar, viajar en metro, subir a un ascensor, etc., con la pérdida de calidad de vida que todo eso conlleva.
Los procesos obsesivos se caracterizan por rituales que se realizan para detener desgracias imaginarias inminentes. Hay personas que se lavan las manos más de 400 veces al día por temor a contraer enfermedades, y aunque el hacerlo les produzca llagas que favorecerían la contaminación, no por ello dejan de lavárselas cuantas veces puedan. Otros pueden necesitar lavar un vaso tres o cuatro veces seguidas antes de beber en él, o levantarse tres o cuatro veces antes de quedar dormidos para comprobar que el gas esté cerrado. Por lo general, estos rituales se repiten con exactitud: la persona se levantará siempre la misma cantidad de veces antes de sentirse tranquila, de ahí que sean calificados como rituales.
Con la preocupación sucede lo mismo que con el enfado:
•                      Se detecta un peligro o amenaza.
•                      Ante éste, hay un ataque leve de ansiedad.
•                      Para subsanarla, se generan pensamientos que, en lugar de preparar una estrategia para contrarrestar el supuesto peligro inicial, proponen nuevos problemas que surgirían a consecuencia de éste. Se experimenta angustia y miedo.
•                      El pensamiento se centra en esos nuevos problemas imaginarios que, a su vez, darán paso a otros de la misma índole, creándose con ello un círculo vicioso del que no se puede salir. Mientras se está inmerso en él, la ansiedad aumenta ante cada nueva idea.

EL CONTROL DE LA PREOCUPACIÓN

La forma de romper este círculo vicioso es centrarse pura y exclusivamente en la preocupación inicial, en el peligro real, sin permitir que la imaginación se desborde generando nuevos trastornos. Si se está llegando tarde al trabajo, se puede pensar en una buena excusa, pero no dar paso a la idea de que tal vez los empleadores decidan un despido, que a causa de éste no se podrá pagar la hipoteca de la casa, que no habrá más remedio que vivir debajo de un puente; porque nadie se verá obligado a vivir de esa manera sólo por llegar tarde un día. Las conductas fóbicas son mucho más difíciles de superar ya que, aún cuando la persona sepa racionalmente que no corre peligro, siente tanto miedo como si su vida estuviera en juego. En estos casos, lo mejor es no obligarse a uno mismo a superar la fobia de un solo intento; con ello, sólo se conseguiría frustrarse y dejarlo por imposible. Más útil es acercarse a la situación fóbica hasta que resulte tolerable y luego premiarse por ello.
Por ejemplo, si alguien tiene miedo a viajar en metro puede intentar bajar sólo el primer tramo de las escaleras. Si lo consigue, puede sentirse satisfecho de haber dado un paso positivo. Un premio reforzará la nueva actitud. En las siguientes ocasiones, cuando ya pueda hacer ese primer tramo sin experimentar una ansiedad desmedida, deberá intentar hacer un segundo tramo (o la mitad de éste).Así, hasta llegar al andén. Cuando pueda permanecer en él sin ningún sentimiento de angustia, será conveniente que reflexione en lo mucho que ha avanzado; eso le dará fuerzas para continuar.
Aunque se pueden hacer este tipo de ejercicios, lo más conveniente es que se consulte a un terapeuta que guíe y controle todo el proceso y sirva de apoyo para superar la fobia.

manos reiki

 
   
 
 
 
 
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