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¿Podemos Viajar Fuera Del Cuerpo?

La experiencia de haberse sentido fuera del cuerpo es mucho más común de lo que podría pensarse. Pero, además, hay gente que cree
haberla convertido en algo cotidiano. Son los exploradores de lo infinito, una tribu de almas nómadas que conviven con nosotros. Para
ellos, los únicos límites son la imaginación, la preparación y el deseo. Estas son sus experiencias y los consejos que dan a quienes
intenten la aventura extracorpórea. Si así lo desea, relájese y prepárese para el despegue.

«Tuve mi primera experiencia fuera del cuerpo a los 18 años. Animado por un montón de lecturas ocultistas y por las experiencias
paranormales que me habían acompañado desde mi infancia, intenté vivir aquello de lo que tantos hablaban.

Esta ilustración describe como el supuesto cuerpo astral se va desligando del físico, auque con una cierta conexión a nivel psíquico.

Realicé una larga serie de respiraciones rítmicas y me relajé completamente, intentando centrar la atención en el vacío. Entonces,
comencé a escuchar una serie de infrasonidos, a oler multitud de perfumes y a ver numerosas imágenes girando a gran velocidad al
fondo de un túnel, como en un caleidoscopio. Después, noté que algo se movía dentro de mí, convulsivamente.
Mi siguiente recuerdo es que me sentía flotando cerca del techo. Miré hacia abajo y vi mi cuerpo tendido en la cama. Un terror
indescriptible se apoderó de mí y regresé al cuerpo físico instantáneamente, de forma violenta, como si me hubiese tirado desde un
avión sin paracaídas. Me incorporé y, debido al terror inimaginable que sentía, tuve una reacción completamente absurda: cogí un
machete y lo puse encima de la mesilla... ¡por lo que pudiese pasar! Pasé el resto de la noche despierto y sobresaltado. No me atreví a
intentarlo de nuevo hasta pasados tres meses. Luego, he comprendido que ese miedo atroz al que me enfrenté es precisamente la
puerta que -una vez superada- te da acceso a ese otro piano que muchos llaman astral. Por eso mismo no creo que sea peligroso hablar
de estas experiencias ni dar técnicas para que cualquiera lo intente, porque van a tener que enfrentarse antes a esa barrera del miedo
quo disuadirá a quien no esté preparado».
La experiencia que acaban de leer pertenece a Miguel Blanco, psicólogo y director y presentador de Espacio en Blanco, el popular y
excelente programa de radio que se emite actualmente la noche de los viernes en M-80 Radio (España). Y, sinceramente, no sé si daría
crédito a sus palabras de no tener un buen puñado de razones para hacerlo: y -por si fuera poco- yo mismo he experimentado, sin
pretenderlo, ese terror abismal que implica la imposibilidad de controlar el propio cuerpo y la confrontación con la muerte, aunque sea
aparente.
Shelley, Goethe, Dostoievski, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, D.H. Lawrence, Aldous Huxley, Emily Brönte, Walter de la Mare, Jack
London, Hemingway, Shirley McLaine, por no citar más que a unos cuantos escritores conocidos, se cuentan en la larguísima nómina de
quienes han descrito experiencias similares. Y. junto a ellos, gentes de las más diversas profesiones y categorías socio-culturales.
Viaje espiritual, proyección astral, desdoblamiento, estado ecsomático o experiencia extracorpórea (EEC), son algunos de los nombres
que ha recibido esta singular vivencia en la que la conciencia se ausenta del cuerpo físico y es sentida como una entidad dotada de
autonomía. Las encuestas realizadas por diversos científicos, como Hart, Banks, Eisenbud, Green, Tart o Palmer, parecen indicar que
aproximadamente la cuarta parte de las personas consultadas en países anglófonos aseguran haber visto alguna vez su cuerpo desde un
punto de vista completamente exterior al mismo.
Para comenzar, una certidumbre antropológica: la existencia de un doble sutil del cuerpo físico es una creencia arquetípica, que
encontramos desde la antigüedad en los pueblos más diversos. Es el ka egipcio, el eidon griego, el nefesh cabalístico, el nafs de barzakh
sufí, el thand taoísta, el lingasharra hindú, el bardo tibetano, el vardogr noruego, el fetch anglosajón, el talasch escocés, el
doppelgänger alemán... Los modernos ocultistas lo han denominado cuerpo astral o sidéreo, debido probablemente a su naturaleza
luminosa, una idea que encontramos ya en Platón, Aristóteles y los filósofos herméticos.
Para todos ellos forma parte de la anatomía sutil del hombre, compuesta por otros cuerpos habitualmente imperceptibles y capaces de
actuar en los distintos planos o niveles de existencia. Lo conciben como una réplica del cuerpo físico, pero compuesta de una materia
más sutil, con una apariencia resplandeciente y luminosa. Habitualmente imperceptible a los sentidos físicos, es la sede de los deseos y
las pasiones, del placer y del sufrimiento. Se le supone capaz de separarse de su envoltorio físico y de viajar sin limitaciones a través del
llamado plano astral, que incluye el mundo cotidiano pero también otras realidades no visibles.
Tras estudiar las creencias de 70 culturas no-occidentales, el profesor Dean Sheils, de la Universidad de Wisconsin, ha encontrado
relatos similares a las EEC (experiencias extracorpóreas) en el 95 por ciento de las mismas. En muchas de ellas se cree que los dobles de
algunas personas se entregan en ocasiones a misteriosas tareas, especialmente durante el sueño, considerando que resulta peligroso
despertar bruscamente a alguien, por miedo a que su doble tenga problemas para reincorporarse a este mundo.
Basándose en las descripciones de numerosos testigos, el doctor Hereward Carrington, uno de los que mejor estudió este fenómeno en
los años veinte, supuso que este doble astral estaba compuesto de millones de pequeños focos de energía psíquica encargados de
vitalizar cada célula. Y calculó la densidad del mismo en aproximadamente una millonésima parte del cuerpo físico, por lo que flota
fácilmente dentro de la atmósfera física cuando es liberado de su atadura. A ello se debería la inmediata elevación del mismo descrita
por Miguel Blanco y por tantos otros proyectores.

Exteriorización De La Conciencia

Aunque hay numerosas variantes entre los cientos de casos examinados, existen una serie de características comunes entre la mayoría
de los mismos:
Las EEC involuntarias parecen producirse en las más variadas circunstancias, especialmente a raíz de un accidente, operación,
enfermedad, shock, crisis, situación-límite o estado de agotamiento, pero también en el curso de las actividades cotidianas, desde los
trabajos físicos hasta la conducción de un automóvil, que no dejan de realizar mientras se observan durante algunos segundos desde
fuera de su cuerpo. Existen además muchas personas que aseguran practicarlas conscientemente, tras un cierto entrenamiento. Aunque
con relativa frecuencia se producen durante estados de somnolencia, los testigos no suelen tener una sensación similar a la de estar
soñando, y describen su EEC como algo muy vivido y real.Miguel Blanco, psicólogo, director y presentador de Espacio en Blanco asegura haber realizado numerosos viajes fuera de su cuerpo.
Cuando, en 1961, el Instituto de Investigación Psicofísica de Oxford solicitó relatos de primera
mano sobre EECs a través de la prensa y de la radio, recibió unos 400 testimonios de lo más variado.
Celia Green, especialista en física teórica, los ha estudiado, destacando que algunas de sus
características difieren notablemente de las observadas en los sueños lúcidos y clasificándolas en
dos categorías: parasomáticas, en las que el sujeto se siente ubicado en ese doble luminoso, y las
asomáticas, en las que se experimenta a sí mismo como una conciencia completamente
desencarnada. Mientras ella encontró que estas últimas son las más frecuentes, la mayoría de las
EEC que me han descrito están asociadas con el doble y es en éstas en las que centraremos nuestra
atención.
El relato que hace años hizo L.M.T. (son las iniciales de su nombre verdadero), un alto ejecutivo
español de una importante multinacional americana, de unos 50 años, ilustra la idea de que ambos
tipos de experiencias, aunque distintas, no son excluyentes: «Estaba sentado en mi despacho,
particularmente contento y relajado, ojeando unos informes. De pronto, tuve conciencia de que veía
a mi cuerpo realizando esa operación desde medio metro por encima de mi cabeza, con una visión
panorámica de todo mi despacho. Duró algunos segundos yo no tengo la más mínima duda de que se
trataba de una experiencia objetiva.
Pasada la primera impresión y debido a mi formación técnica, lo primero que se me ocurrió fue subirme al sillón y comprobar que lo que
había observado se correspondía exactamente con la realidad, sólo que ahora necesitaba mover la cabeza en varias direcciones y fijar
repetidamente mi atención para obtener una percepción similar, aunque no tan nítida, a la que obtuve durante la exteriorización de mi
conciencia. Si otra persona me hubiera descrito esa experiencia, yo no habría dudado de que se trataba de una alucinación, pero hoy sé
que es una realidad comparada con la cual nuestra vida cotidiana tiene el sabor de algo ilusorio Fue sólo entonces cuando comenzó mi
interés por lo psíquico o lo oculto, en busca de una respuesta válida para lo que había vivido y para tantas preguntas que bullían en mi
cabeza, e intentando repetir aquella experiencia.
Tras años de estudios, de contactos y de prácticas he comprendido que el cuerpo físico, como su doble luminoso, no son sino algunos de
los medios de los que se sirve para manifestarse en los distintos niveles de realidad esa conciencia Aura, llámala espíritu si quieres,
ajena a cualquier tipo de limitaciones». En ello coincide con otro proyector experimentado, el terapeuta Lorenzo García Carpintero: «El
cuerpo astral es una muleta más, como lo es el físico. Cuando mueres, esas capas van cayendo y queda el núcleo de la conciencia».

 

 

 

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